La vuelta de Alejandro Lerner a sus orígenes, a los pubs y a su esencia más rockera: «No tengo nada que demostrar»

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El estudio de Alejandro Lerner en Parque Chas funciona como un museo vivo de su trayectoria artística. Sus paredes exhiben fotografías con figuras emblemáticas, desde Celine Dion hasta Cacho Castaña, mientras que guitarras y pianos, incluido el antiguo piano marrón con el que compuso Todo a pulmón, completan el ambiente. Discos, premios y recuerdos llenan cada rincón, algunos colgados y otros apilados, ya que, según él, “no entra uno más”.

La vuelta de Alejandro Lerner a sus orígenes, a los pubs y a su esencia más rockera: «No tengo nada que demostrar»

El estudio La Mano, levantado tras el cierre de El Pie —el emblemático espacio creativo que lo acompañó durante más de 30 años— es donde Lerner pasa horas, se reúne con amigos y músicos, y atesora su legado: 24 discos, más de 500 canciones y más de 40 premios, entre ellos siete Gardel, cuatro Martín Fierro, tres Konex y el reciente Premio a la Excelencia Musical de los Latin Grammy 2024.

Sentado frente a Clarín, con un café negro en las manos y rodeado de sus instrumentos, el compositor observa su “boliche” y sonríe. “Tuve una vida llena de buenos momentos, de encuentros maravillosos, de haber encontrado gente muy mágica en mi camino. Muchos de los sueños que tenía a los 16 años superaron mi imaginación”, afirma.

Lo que llama la atención es que, tras haber logrado prácticamente todo lo que puede desear un músico, Lerner ha decidido regresar a sus orígenes para reconectarse con aquel joven que pasaba horas ante el piano y comenzaba su carrera en pubs, mucho antes de los éxitos internacionales, los premios y los grandes escenarios.

Ese regreso se traduce en una vuelta al rock, a la guitarra y a escenarios pequeños. A sus 69 años, Lerner atraviesa una etapa que él mismo define como “un reencuentro con mis raíces rockeras”.

Tras llenar teatros, girar por toda América Latina, trabajar con figuras como Tony Bennett, Lionel Richie y Tom Jones, y componer éxitos para artistas como Luis Miguel, Mercedes Sosa y Paloma San Basilio, Lerner asegura que ya no tiene “nada que demostrar”.

Esta búsqueda se refleja en sus nuevas canciones Déjame volver y De otro mundo, tema que grabó junto a su gran amigo Juanse. También se manifiesta en la estética que eligió para esta etapa. “El disco, la estética, la diversidad, la libertad creativa, todo eso me devuelve a una parte muy juvenil y creativa de mí”, explica.

### Su gran amistad con Juanse

En esta nueva etapa, el nombre de Juanse aparece constantemente. Los une una amistad de más de tres décadas que incluye escenarios compartidos, giras y encuentros con la naturalidad que revela una conexión profunda. “Con Juan es más fácil porque son 30 años de amistad, donde hemos tocado juntos en muchos lugares, mucho más de lo que la gente cree”, relata.

Lerner describe a Juanse como un hermano. “Cuando queremos hacer algo, lo hacemos y sale bien. Él es un rockero de verdad”, asegura. Añade que juntos son “dos nenes que se están divirtiendo”.

La influencia del líder de Ratones Paranoicos ha reactivado una parte de la identidad artística de Lerner que nunca desapareció. Originalmente músico de jazz, Lerner optó por las canciones, pero el rock siempre estuvo presente en su devoción por Los Beatles y su amistad con Pappo. Ahora siente que recupera esa energía ligada a la libertad y al juego.

### Los números ya dejaron de importar

Después de sus presentaciones en La Trastienda durante 2024, que considera una “refrescada emocional”, Lerner decidió apostar por teatros y escenarios íntimos. El pasado 8 de junio celebró su cumpleaños en Niceto Club, con capacidad para unas 1.200 personas, donde presentó en vivo su nueva canción.

“Quiero hacer una gira de teatros, no de estadios, no tengo nada que demostrar”, afirma. Explica que, en la actualidad, el valor de una experiencia parece medirse por la cantidad de seguidores, likes o reproducciones, pero para él lo importante es volver a las bases, tocar cerca del público y recuperar la conexión directa que lo enamoró de la música. “Es tan emocionante estar en un teatro donde se escucha bien, donde el escenario es lindo, hay un camarín y el público está cerca”, añade.

Esta decisión no responde a motivos económicos o estratégicos, sino a un homenaje en vida a su etapa previa al estrellato. Aquel joven que descubrió el piano mientras era criado por su abuela, porque sus padres trabajaban todo el día, y que tocaba en casamientos, hoteles, cabarets y bandas que peleaban por una paga que muchas veces no existía. Su padre alcanzó a ver esa etapa de esfuerzo, pero murió antes de que llegaran los grandes éxitos. Conoció al músico trabajador, no al artista consagrado.

### Su relación con Dios y la metafísica aprendida de su padre

Para explicar su camino, Lerner no se limita al talento, la disciplina o las oportunidades. Menciona a Dios y la metafísica, disciplina que aprendió de su padre y que aún estudia. “La espiritualidad y la metafísica te enseñan a tener un diálogo con el universo”, señala. Para él, el éxito también es cuestión de fe, gratitud y conexión con algo superior.

“Aprendí que uno tiene derecho a hacer magia con su propia vida para manifestar lo que cree, si tiene fe”, afirma. Muchas de sus canciones nacieron de ese aprendizaje y del proceso personal que lo llevó a dejar atrás la bronca y el resentimiento, reencontrándose con el agrade

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