Un hombre de 48 años fue detenido e imputado en Borja, España, acusado de intentar llevarse a una nena de 8 años con la excusa de darle golosinas. La clave para identificarlo fue un dibujo que hizo la propia víctima.

Según medios locales, el hecho ocurrió el 13 de octubre, cuando la nena llegaba a su casa para almorzar. El hombre la interceptó en la puerta del edificio, la tomó del brazo y empezó a tirar de ella, pero la chica logró soltarse y corrió hasta su casa. Mientras escapaba, el agresor la amenazó: «Si contaba algo a sus padres, volvería por ella», relató la portavoz de la Guardia Civil, Ana Cristina Otín.
En su dibujo, la nena plasmó rasgos físicos distintivos del agresor: una gran cicatriz en la cara, otra más pequeña en el cuello y tatuajes en los brazos. También contó que ya lo había visto otras veces en un parque cercano a su casa. Diecisiete días después del ataque, el sospechoso fue detenido.
«Las características que aportó la niña junto con ese diseño de los posibles tatuajes y las cicatrices llamaron la atención ya que eran similares a los que esa persona portaba en los brazos y en el rostro», explicó Otín.
El caso abrió el debate sobre la memoria infantil. La psicóloga Sandra Ribeiro explicó al sitio 20 minutos que a los ocho años los chicos ya pueden retener rasgos distintivos como una cicatriz, un tatuaje o el peinado, y que el dibujo puede ayudarlos a expresar lo que no logran contar con palabras. Aun así, advirtió que eso no significa que todos los recuerdos infantiles sean exactos. «Debemos escuchar a los niños con seriedad, sin subestimar lo que pueden aportar, pero también sin atribuir a sus recuerdos una precisión que la memoria humana, a cualquier edad, no puede garantizar», señaló.
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