La expansión acelerada de la inteligencia artificial ha vuelto a poner bajo la lupa a los centros de datos que sostienen esta tecnología. Más allá de la enorme demanda energética, crece el cuestionamiento social sobre el consumo de agua necesario para refrigerar los servidores que procesan millones de consultas, entrenan modelos y ejecutan aplicaciones de inteligencia artificial.
En este contexto, Google anunció una nueva estrategia para reducir el impacto hídrico de sus operaciones y responder a las críticas que afronta la industria tecnológica. La compañía afirmó que para 2030 espera reponer más agua de la que consumen sus centros de datos y oficinas, además de invertir en infraestructura local y desarrollar fuentes alternativas de abastecimiento.
Según informó The Verge, el plan se basa en cinco compromisos relacionados con el uso responsable del agua. Entre ellos se incluyen la reposición neta positiva de recursos hídricos, el financiamiento de proyectos comunitarios, la búsqueda de fuentes no tradicionales para la refrigeración y una mayor transparencia sobre el consumo de sus instalaciones.
«Somos apenas uno de los muchos actores que participan en este sector», explicó Ben Townsend, responsable global de infraestructura y sustentabilidad de Google. El ejecutivo agregó que la intención es ofrecer una especie de guía para que las comunidades puedan exigir estándares similares a cualquier empresa que desee instalar un centro de datos en su territorio.
El anuncio se produce en un momento especialmente sensible para la industria, marcada por una carrera global para construir instalaciones que satisfagan la creciente demanda de procesamiento. Alphabet, la casa matriz de Google, informó recientemente que busca obtener 80.000 millones de dólares mediante la venta de acciones para financiar su expansión en este segmento.
No obstante, la aceptación social de estos proyectos parece estar en declive. Una encuesta reciente de Gallup, citada por The Verge, reveló que más del 70% de los estadounidenses se opone a la construcción de un centro de datos cerca de su lugar de residencia. Las principales preocupaciones son el consumo energético, la presión sobre los recursos naturales y el uso de agua.
El consumo de agua se ha convertido en una inquietud creciente debido a que los centros de datos emplean grandes volúmenes de agua para mantener refrigerados los equipos que operan las 24 horas. Distintos estudios advierten que el crecimiento de la inteligencia artificial incrementa considerablemente esa demanda. Un solo complejo puede requerir hasta 1,5 millones de litros diarios para enfriar sus servidores, lo que en regiones con estrés hídrico genera tensiones con las necesidades de la población local.
Google sostiene que es necesario analizar el panorama en contexto. Bikash Koley, vicepresidente de infraestructura global de la compañía, afirmó que los sistemas de refrigeración por agua permiten reducir el gasto energético de los centros de datos en aproximadamente un 10% respecto de los sistemas basados exclusivamente en aire.
«El consumo agregado de agua de los centros de datos es pequeño», señaló Koley en una publicación oficial. Según sus cálculos, los centros de datos en Estados Unidos emplean menos del 1% del agua que los ciudadanos destinan anualmente al riego de jardines. Aun así, la empresa se compromete a proteger los recursos hídricos locales en todas sus operaciones.
Para cumplir con su objetivo de reposición neta positiva, Google planea financiar proyectos orientados a mejorar sistemas de riego, modernizar infraestructura hídrica y optimizar la gestión del agua en distintas regiones. Asimismo, anunció una inversión de 17 millones de dólares para apoyar nuevas iniciativas de conservación en siete estados de Estados Unidos.
La compañía también continuará publicando informes anuales sobre su consumo de agua y ampliará el uso de fuentes alternativas, como aguas residuales recicladas, un enfoque que ya aplica en un condado del estado de Georgia.
El debate, sin embargo, está lejos de cerrarse. Investigadores han cuestionado en los últimos años algunos cálculos de la industria tecnológica, señalando que no siempre se contempla el consumo indirecto de agua asociado a la generación eléctrica o a las cadenas de suministro.
Townsend defendió la metodología utilizada por Google y aseguró que la empresa trabaja para contabilizar esa huella hídrica indirecta. Destacó que las inversiones en energías renovables, que no requieren agua, han contribuido a reducir parte de ese impacto.
El ejecutivo reconoció que las preocupaciones de las comunidades son legítimas. «Sería un error decir que todo son conceptos equivocados», afirmó. Aunque sostuvo que el sector utiliza menos agua de lo que se cree, consideró que este es el momento para invertir y evitar que el crecimiento de los centros de datos se convierta en un problema futuro.
La cuestión se ha vuelto central para una industria que enfrenta crecientes cuestionamientos por el costo ambiental de la inteligencia artificial. Mientras las grandes tecnológicas prometen modelos más eficientes, energías renovables y nuevas formas de refrigeración, el desafío radica en demostrar que el desarrollo de la IA puede crecer sin comprometer recursos tan sensibles como el agua.
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